lunes, 1 de febrero de 2010


Que a mí no me hables de la danza, de sentirla, de vivirla, de trabajo, de heridas.
Que a mí no me digas no se qué de la intención, de la responsabilidad, de la voluntad.
Que se lo que es volver, y quedarte sin respiración en el primer bloque.
Que yo también he gritado por poder seguir ahí.
Que nadie me diga lo de sacrificio, que también me lo tengo sabido.
Y lo de que está infravalorado, que no se respeta.
Dicen danza y suena a lo que suena, pero que detrás hay más, que somos más, diferentes, y con el mismo sacrificio o la misma disciplina.
Que me sé 145 posturas del pañuelo, y alguna más en secreto.
Lo de las trabillas en el último agujero y el mantón a modo de camisa, y bufanda, vestido...
Cinco segundos tardo en despejar la nuca, siete si hay flor de por medio.
Y lo de las 15 partes de la planta del pie, y lo del talón lleno de clavos.
Eso de llorar sólo por hacerlo bien, después de tantos meses.
Y llegar a la quinta, y los careos.
Aquello de contar 37 plantas 12 tacones y medio golpe más.
Lo de ir a última fila porque estás pensando en lo otro.
Las agujetas en la espalda porque no estaba recta.
Y lo otro de los brazos casi dislocados.
Que me suena eso de calentar, y estirar.
Que tengo reciente ''eso'' de las lesiones.



A mí no me hables de lo mio, que sé lo que se cuece.
Pregúntate, por última vez si de verdad es lo que quieres.
Que de esto no se vive, para esto es para lo que se vive.

1 comentario:

  1. Y tú vives para ello.
    Que las disciplinas las enseñan otro tipo de danzas, que tú bien sabes lo que es, y que sea tu vida después de tanto, es mucho más que mérito.

    Que ganas de que vuelvas

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