Hace tiempo que no pertenezco a lo mundano, que mi vida quedó encallada en algo parecido a tus manos, perdiendo la conciencia y ganando roce.
Cualquier sonido afín a un tango me hace recordar, volcando mi poca vitalidad en codiciar aquello que una vez rehuí, con prisa y sin miedo.
No eres fácil de olvidar, y por no serlo estás en mi cabeza 30 horas al día.
Diría que perdí la cordura pero, cariño, me la has robado.
Y ahora, que no nos quedan más silencios voy a encontrar en ti los cuentos que hace tiempo imaginaste, voy a hablarte hasta tener la lengua calcinada, y besarte.
Dibujaré bailando estrellas en el suelo.
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