jueves, 5 de agosto de 2010



Lo nuestro es como unos tacones.
Empezando porque no es una relación cualquiera, al igual que mis preciosos zapatos de ante y charol en los que es casi imposible mantener el equilibrio, al igual que entre nosotros.
Duelen, hacen daño, y a veces me hacen llorar, pero me aguanto. Como con tus palabras.
Me da la impresión de que nada es lo mismo, como si el tacón quisiera soltarse. Sí, digámoslo así.
Lo que tú no sabes es que yo no soy de esas que se guardan un par de zapatos planos en el bolso que llevan estilo bandolera. Yo aguanto, aunque duela, porque son mis zapatos, esos que van a juego con un bolso de mano negro, de ante, por supuesto.
Lo que tú no sabes, y lo que yo no digo es que entre compensaciones, putas y países extranjeros, hace más de un mes que ese par no me hacen sentir...alta.

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