Odio las mudanzas porque siempre encuentro cosas que en algún momento encerré en el armario.
Hoy he encontrado La caja amarilla. Es una caja de lata, de Ágata Ruiz de la Prada que tiene un rectángulo transparente que deja ver todo su interior. A mí no me ha hecho falta mira a través de él para saber lo que había dentro: lazos rojos, guantes de red, los guantes blancos, infinitos metros de venda, un par de claveles rosa y blanco, millares de orquillas e imperdibles que nunca perdí, peinetas color mostaza, inumerables rollos de esparadrapo y mis medias puntas, esas medias puntas de las que me enamoré hace años porque no hay ningunas iguales, lo aseguro.
Es La maldita caja amarilla.
Pasó a tener ese nombre hace 10 meses, hasta entonces me había acompañado en cada actuación, siempre.
Hoy, al abrirla, ha desprendido ese olor tan único, ha inundado todo mi cuarto, y no he podido parar de llorar en dos horas. Mientras, la he cerrado, la he vuelto a abrir, y he cogido todo y lo he tirado contra la pared lo más fuerte que mis brazos han podido. Luego he llorado aún más fuerte, lo he recogido y lo he abrazado. Necesitaba exhalar lo poco que queda de mi sueño.
He colocado cada pieza de mi vida en su sitio, he cerrado la caja, y la he metido en la maleta.
Aún y todo, creo que cuando tienes el valor de abandonar un sueño no se puede tener el descaro de esperar que vuelva.
Aún y todo, te diré que no lo abandones...
ResponderEliminarTe quiero, Lady *o*