Echaba de menos tus manos en mis caderas, tus labios en mis párpados y tu risa en mi oreja, pero ya nada es lo mismo. Ninguna palabra suena igual desde entonces, ninguna palabra suena creíble.
Debiste desviar tu camino siempre a mi cama, a mi pecho, a mi cintura.
Y ahora, yo, no sé querer como antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario