domingo, 4 de septiembre de 2011

Hay días en los que parece que tu vida no va a ningún lado, que está exactamente igual que ayer, y otros, en los que todo cambia de lugar y nada es lo que parece. Hoy ha sido uno de esos días, mejor dicho, de esas noches.
Me gustaba la forma que teníamos de hablar, tan nuestra, la forma que teníamos de mirarnos, tan tuya, y la manera en la que me dabas prioridad incluso delante de ella. Hoy ha sido distinto, nada de eso ha pasado y he tenido que sentir lo que tu has sentido antes. No me gusta, y no lo quiero para mí.
Puede que eso sea lo que necesitaba y esta vez es totalmente enserio, no pienso salir ni una noche más para verte (aunque sólo dure un par de minutos) ni mendigarte un abrazo. No quiero que sigas aquí, o puede que sí pero... no de esta manera.
Estoy aturdida, pero tengo clara (que coincidencia más inoportuna) una cosa, tú ya no eres para mí y yo ya no pienso serlo para ti, ni un poquito.

Esta vez me lo prometo a mí misma, así sé (y sabes) que no fallaré.

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