No sé ni por donde empezar. Tantos años, tantas cosas, tanta vida para un metro sesenta y cuatro de mujer. Antes de escribir hoy, leí, me leí, a la Anna de dieciséis años que creía morir de amor, y que casi lo consigue.
Podría decir que he estado apunto de morir, que he resistido, como era de esperar. Que me he perdido, en lo más oscuro y profundo de la vida, y que volví, aunque no del todo.
Hace más de un año que comenzó el temporal, y aún sigue lloviendo, como en una tormenta de verano, sin previo aviso, un día cualquiera, durante poco tiempo y arrasando con todo lo que había conseguido construir.
No ha sido fácil, pero estoy aquí, casi entera, y casi sana, si es que alguna vez lo estuve.
Como era de esperar, no me casé, ¿yo? ¿enserio? ¿alguien que no estuviera enajenado como lo estaba yo, se lo creyó? Huí, como he hecho siempre.
Salí corriendo, y me encontré con todos mis antiguos miedos, y desarrollé otros nuevos. Dejé de ser, por unos meses. Me convertí en un fantasma, en un esqueleto, un algo que no me correspondía, ni a mí ni a nadie. Y cuando me dí cuenta, una vez más, huí.
Será mi técnica, qué sé yo. Pero a veces me da resultado. Y volví, a casa, con mi vida, y empecé una nueva. Sola, a ratos, y cachos, como yo.
Y entre mes y mes pasaron tantos "no amores" que me hice adicta a dormir en otras camas, con gente que no me conocía, por muchos años que hubiéramos compartido antes.
Y así, poco a poco y con muchos errores, más de los que pueden aguantar mis huesos, entendí que no voy a encontrar el amor de mi vida como en las películas, en una fiesta, en una biblioteca, o en un aparcamiento. Que en España no hay bolsas de papel, y es mucho más difícil el amor romántico.
En realidad nada de esto es del todo cierto, sigo siendo la misma niña adolescente que se enamoraba en una semana, me pasa, me enamoro en una noche, pero he aprendido a desatar antes. Y huir, por supuesto.
Hace poco, relativamente poco, fue la última. Anna, un hombre alto, fuerte y tatuado, ¿qué será eso? Y me encantó, y me engañó, y me hizo creer que podría ser la más bonita historia de amor jamás contada, con público y despechados de por medio. Pero no, porque es un cobarde. Tan cobarde que no vive, no como entiendo yo la vida. Y yo, por caridad, que ahora soy mucho de eso, le sigo escuchando, y le escucho como dice "quiero verte", "me he acordado de ti", "eres tan bonita..." El problema es que ya no me lo creo, no de él. Puede que sea verdad, pero quien tiene miedo no puede amar, y de verdad de que después de todo, de todo lo que el puto Karma me debe, merezco algo mejor, y yo lo sé.
Merezco un amor que me mire cada mañana al despertar y piense ¿por qué tengo tanta puta suerte? Que mis manías sean sus debilidades, que mis enfados sean una escusa para reconciliarnos. Necesito un amor de verdad, de esos que hacen que te brillen los ojos, que te den ganas de gritar de alegría. Un amor que sume, que me sume y me haga la vida bonita. No quiero más mentiras, no merezco más mentiras. Quiero algo de verdad, y voy a ir a por ello. Abstenerse cobardes.
Ha sido una caída dura, pero casi un año después de que todo acabara, aquí estoy yo, guapa, por dentro y por fuera, trabajando desde casa, como Carrie, pero a lo cacereño. Bebiendo té, y fumando, como antes, como siempre.
He vuelto.
20 de junio de 2016
No hay comentarios:
Publicar un comentario