Qué ganas tengo de que vuelvas a pintar. De que yo sea la actriz principal, de ese cuarteto de lienzos que aún tienes por empezar.
Que me vuelvas a besar, que me vuelvas del revés las vísceras y me haga arañarte.
Vuelve a mirarme como antes, cuando yo era la única, y el físico no era importante. Cuando yo era la pieza de tu puzzle, y no había opción a cambiar de título. Cuando te gustaba por las mañanas, y más aún por las noches.
Quiero volver a emborracharme contigo y ponerte nervioso, y a secas.
Si esto ya no tiene sentido, tal vez, esta vez, no quiero ir a buscarlo.
Ve tú, o acabará encontrándolo otro.
Y ahora, voy a dejar de llorarte, sin que lo sepas, y voy a maquillarme, otra vez, y a buscar las miradas que tu y yo ya no compartimos.
A veces pienso... ¿alguna vez me habrás visto a cámara lenta?
sábado, 15 de febrero de 2014
viernes, 14 de febrero de 2014
¿Me habré ido?
Apenas si recuerdo como se hacía esto...
Hace mucho, más de un año que no escribo, ni aquí ni en ningún sitio. No sé muy bien la razón.
Desde aquel momento han pasado muchas cosas, demasiadas para un cuerpo de 1.64 (contando tacones).
La verdad es que si intento recordar todo lo que he pasado es inevitable que se me salte alguna lágrima, y varias carcajadas y sonrisas de complicidad.
He estado buscándome a mí misma, si es que en algún momento me fui, o eso es lo que suele decirse. La verdad es que ha sido una etapa de recuperación, pero no de mí misma, sino de todos los golpes que he recibido, algunos cabría esperarlos, pero otros, hay otros que aún intento superar.
Tal vez haya sido hoy porque he vuelto a entender a Leiva, tras muchos años sin hacerlo, y eso sólo significa algo, y no del todo bueno, no al menos para los demás.
Lo que está claro es que hoy he vuelto a necesitar esto, he vuelto a necesitar gritar en letras minúsculas. Gritar y que nadie me juzgue. Tal vez, hoy ha sido el día en el que cambié el automatismo de estos dos años por la pasión que me caracterizaba.
Juro que pensé que era porque estaba madurando, que me hacía mayor, y dejaba de ser tan apasionada, y dejaba de llorar por lo malo y de reír por las cosas más simples. NO. Eso no es madurar, eso es pasar por la vida como si nada, pasar, y nada más. Ahora lo entiendo, no era más que un escudo, mi forma de protección, y ahora, ahora se acabó.
Estoy empezando a sentir, otra vez, y ahora me doy cuenta de lo que he perdido en el camino, aunque tal vez sea bueno en algunos casos, como en el de mi pequeño rock'nd roll, quien sabe cuántos años nos quedan, no voy a ser yo quien predique esta vez. Siempre hemos creído en algo del más allá, en un algo que nos guía, y estoy convencida de que así será y volveremos a vernos, si ha de ser... será.
También soy consciente de los que han estado ahí, como mi pequeño gran Gigante, que nunca se da por vencido, y me da fuerza, a mí y a medio país, aunque el otro medio no lo entienda. Es tan especial, tan diferente, tan único... es todo lo que necesito para seguir bien. Un café, solos, con pitillo, y frío, mucho frío, y lluvia, de esa que se respira, y te inunda los pulmones.
De él, el gran amor de mi vida. Hoy puedo asegurar que no ha ido el primero. No ha sido mi primer amor, ni me desnudó por primera vez (tampoco lo hizo mi primer amor), pero ha sido el único que me ha enamorado hasta dentro, de verdad, el único que me ha hecho ser yo, y me ha hecho quererme, y valorarme, como nadie sabe hacerlo. El chico de los ojos color caribe, y de la sonrisa reflejo. Él. Pensándolo bien, sí ha sido el primero en algo, el primero en tener los arrestos necesarios para jurarme, con pedrusco incluido, que me va a querer toda la vida.
De repente me he quedado sin palabras, ha sonado "Ciencia Ficción", y ésto, sí recuerdo cómo disfrutarlo.
Hace mucho, más de un año que no escribo, ni aquí ni en ningún sitio. No sé muy bien la razón.
Desde aquel momento han pasado muchas cosas, demasiadas para un cuerpo de 1.64 (contando tacones).
La verdad es que si intento recordar todo lo que he pasado es inevitable que se me salte alguna lágrima, y varias carcajadas y sonrisas de complicidad.
He estado buscándome a mí misma, si es que en algún momento me fui, o eso es lo que suele decirse. La verdad es que ha sido una etapa de recuperación, pero no de mí misma, sino de todos los golpes que he recibido, algunos cabría esperarlos, pero otros, hay otros que aún intento superar.
Tal vez haya sido hoy porque he vuelto a entender a Leiva, tras muchos años sin hacerlo, y eso sólo significa algo, y no del todo bueno, no al menos para los demás.
Lo que está claro es que hoy he vuelto a necesitar esto, he vuelto a necesitar gritar en letras minúsculas. Gritar y que nadie me juzgue. Tal vez, hoy ha sido el día en el que cambié el automatismo de estos dos años por la pasión que me caracterizaba.
Juro que pensé que era porque estaba madurando, que me hacía mayor, y dejaba de ser tan apasionada, y dejaba de llorar por lo malo y de reír por las cosas más simples. NO. Eso no es madurar, eso es pasar por la vida como si nada, pasar, y nada más. Ahora lo entiendo, no era más que un escudo, mi forma de protección, y ahora, ahora se acabó.
Estoy empezando a sentir, otra vez, y ahora me doy cuenta de lo que he perdido en el camino, aunque tal vez sea bueno en algunos casos, como en el de mi pequeño rock'nd roll, quien sabe cuántos años nos quedan, no voy a ser yo quien predique esta vez. Siempre hemos creído en algo del más allá, en un algo que nos guía, y estoy convencida de que así será y volveremos a vernos, si ha de ser... será.
También soy consciente de los que han estado ahí, como mi pequeño gran Gigante, que nunca se da por vencido, y me da fuerza, a mí y a medio país, aunque el otro medio no lo entienda. Es tan especial, tan diferente, tan único... es todo lo que necesito para seguir bien. Un café, solos, con pitillo, y frío, mucho frío, y lluvia, de esa que se respira, y te inunda los pulmones.
De él, el gran amor de mi vida. Hoy puedo asegurar que no ha ido el primero. No ha sido mi primer amor, ni me desnudó por primera vez (tampoco lo hizo mi primer amor), pero ha sido el único que me ha enamorado hasta dentro, de verdad, el único que me ha hecho ser yo, y me ha hecho quererme, y valorarme, como nadie sabe hacerlo. El chico de los ojos color caribe, y de la sonrisa reflejo. Él. Pensándolo bien, sí ha sido el primero en algo, el primero en tener los arrestos necesarios para jurarme, con pedrusco incluido, que me va a querer toda la vida.
De repente me he quedado sin palabras, ha sonado "Ciencia Ficción", y ésto, sí recuerdo cómo disfrutarlo.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Vivir juntos, morir solos.
Qué más te puedo decir, a ti, que ya no eres nada. Deberías borrar ese estúpido pensamiento de regreso que no ha ocurrido, ni ocurrirá. "La gente no cambia, la gente no vuelve" me dijo una vez alguien a quien admiro demasiado.
Pregúntate cuanto quieras qué ha pasado, por qué soy así, o repite que no te lo mereces. Tú ya sabes todas las respuestas, y ni ninguna me culpa a mí.
Será cierto eso de que las segundas oportunidades nunca fueron buenas, ni las terceras en tu caso.
Te permito reprocharme todo lo que quieras, si es que puedes hacerlo, pero no creo que tengas argumentos, ni valor, ni ovarios, seamos claros. Yo no tengo la culpa de ser más feliz sin ti, de que te derrumbes por cualquier crítica constructiva, de tu sentimiento de superioridad que no tiene sustento alguno. Yo no soy la culpable de tu envidia, ni de tu egoísmo, ni de tu falta de respeto por el resto. Eres tú, tú y sólo tú. Ni las circunstancias, ni los demás. Despierta, despierta y date cuenta de todo lo que has hecho mal, y no conmigo únicamente.
Últimamente resuena en mi cabeza, vacía y equilibrada desde que no estás, esa frase que tanto te gustaba "Vivir juntos, morir solos". Si ahora mismo la analizas, y sé que lo harás, ¿cuál es tu destino ahora, amiga? No pienses más, yo te ayudo, morir sola.
Pregúntate cuanto quieras qué ha pasado, por qué soy así, o repite que no te lo mereces. Tú ya sabes todas las respuestas, y ni ninguna me culpa a mí.
Será cierto eso de que las segundas oportunidades nunca fueron buenas, ni las terceras en tu caso.
Te permito reprocharme todo lo que quieras, si es que puedes hacerlo, pero no creo que tengas argumentos, ni valor, ni ovarios, seamos claros. Yo no tengo la culpa de ser más feliz sin ti, de que te derrumbes por cualquier crítica constructiva, de tu sentimiento de superioridad que no tiene sustento alguno. Yo no soy la culpable de tu envidia, ni de tu egoísmo, ni de tu falta de respeto por el resto. Eres tú, tú y sólo tú. Ni las circunstancias, ni los demás. Despierta, despierta y date cuenta de todo lo que has hecho mal, y no conmigo únicamente.
Últimamente resuena en mi cabeza, vacía y equilibrada desde que no estás, esa frase que tanto te gustaba "Vivir juntos, morir solos". Si ahora mismo la analizas, y sé que lo harás, ¿cuál es tu destino ahora, amiga? No pienses más, yo te ayudo, morir sola.
martes, 24 de julio de 2012
To be.
No sé que pasa, y me duele. Me sigues controlando los estigmas y me sangran.
Ya no sé si quiero ser galerista, o diseñadora, o si alguna vez he querido ser bailarina de verdad.
Me siento tan patética rogando, sin querer, que respondas; que me expliques para poder entender. Me siento tan vulnerable que no quiero volverte a ver, y menos sabiendo lo que sé.
Alguien, que últimamente se ha vuelto consejero de esta vida mía, me dijo que era mejor así, sin contacto, de otro modo me volvería a dar cuenta de por qué acabé con todo. Tiene razón. Mi tú no eres tú. Mi tú es la idea de ti que he creado en mi cabeza, y esa es la persona a la que nunca podré olvidar. Pero no existe.
Ya no sé si quiero ser galerista, o diseñadora, o si alguna vez he querido ser bailarina de verdad.
Me siento tan patética rogando, sin querer, que respondas; que me expliques para poder entender. Me siento tan vulnerable que no quiero volverte a ver, y menos sabiendo lo que sé.
Alguien, que últimamente se ha vuelto consejero de esta vida mía, me dijo que era mejor así, sin contacto, de otro modo me volvería a dar cuenta de por qué acabé con todo. Tiene razón. Mi tú no eres tú. Mi tú es la idea de ti que he creado en mi cabeza, y esa es la persona a la que nunca podré olvidar. Pero no existe.
lunes, 16 de julio de 2012
Siempre será el mismo bucle, los mismo hechos. Encontraré algo tuyo, añoraré todo lo que pasamos, me pondré a llorar y lo escribiré aquí, tal y como estoy haciendo ahora.
La diferencia es que esta vez no es para desahogarme, es para intentar entender por qué cojones merezco este trato.
Quien se deja manejar por una "lela" no es mucho mejor, por si nadie te lo había dicho.
La diferencia es que esta vez no es para desahogarme, es para intentar entender por qué cojones merezco este trato.
Quien se deja manejar por una "lela" no es mucho mejor, por si nadie te lo había dicho.
sábado, 5 de mayo de 2012
Mea Culpa
La culpa es mía por pensar que nadie nunca se olvida de mí, por creer que le importo a los demás como ellos a mí.
La culpa es mía, por creer que, como me pasó a mí, tú no volverías a enamorarte.
No tengo nada que reprochar, ni a ti, ni a nadie.
La culpa es mía, por creer que, como me pasó a mí, tú no volverías a enamorarte.
No tengo nada que reprochar, ni a ti, ni a nadie.
sábado, 14 de abril de 2012
Cuando eras única.
Siempre hay alguien como yo, tengo miedo de pasar a ser irreconocible.
Últimamente conozco gente que se parece cada día más a mí, o yo a ellos, no sé muy bien como funciona, pero es un hecho.
Ya no soy única.
Ni yo, ni mis raíces, ni mi forma de vestir, ni mi patética costumbre de hacerme fotos, ni mis gustos musicales, ni mi manera de bailar...
Puede que sea la consecuencia más inmediata de madurar, de salir y conocer mundo, o puede que sea, sencillamente, el hecho de que yo, cada vez, me voy pareciendo más al resto hasta que pase a ser una más, irreconocible por mis propiedades originales.
Tengo miedo.
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